Hace 23 o 24 años una noche fría de invierno, o tal vez calurosa de verano. Si no recuerdo cuanto hace, ¡cómo voy a recordar la época del año! 

A lo que iba, José me presentó al que sería uno de mis mejores amigos. Se llamaba Jordi, me contó que trabajaba de chapero, no entendí la gracia ni la ironía del trabajo hasta algo después. Vino con un sueño, ser actor y se fue con muchas vivencias y trocitos de nuestros corazones. Vivimos muchas cosas juntos, con más pelo, con menos arrugas pero mirando la vida con ojos ansiosos. Bailamos, bebimos, cantamos, conocimos el amor, el desamor y la impotencia por las dificultades de la vida cuando esta no sale como esperas.

Un día decidió volver a su casa y se me desgarró el corazón, siempre tuve la esperanza de que Madrid le ganara, pero los catalanes son muy catalanes y los madrileños somos muy madrileños. Pasó el tiempo y la amistad no se perdió. Siempre he echado de menos esas noches locas del principio cuando no teníamos preocupaciones pero la vida cambia y las prioridades también. 

Yo no tenía esperanzas de que se me casara, pensaba acabaría siendo soltero (aunque no entero), sin embargo, en una de sus visitas a Madrid, vino y… ¡me invitó a su boda! Tras no pocas dificultades, una pandemia, un volcán y una filomena…., la boda está a punto de llegar. ¡Y aquí estamos! Disfrutando de una despedida loca y sorprendente como aquellos primeros meses en Madrid. Espero que esto sólo sea el principio de una nueva aventura.